sábado, 23 de noviembre de 2013

Arte de la india

La India fue el único territorio localizado en el Oriente, que griegos y romanos conocieron, siempre rodeado de un halo hacía de él como una tierra misteriosa. Después de la expedición de Alejandro, se comentaron en Grecia las maravillas de los hombres de ciencia que acompañaron al gran conquistador y a ello se debieron en Europa las primeras noticias positivas acerca de los pueblos hindúes, tres siglos antes de Jesucristo. Por su parte, los relatos de los peregrinos chinos que después visitaron los santos lugares del budismo contribuyeron a divulgar por el Extremo Oriente los conocimientos acerca del país y del arte hindú, que a través de misioneros budistas había entrado en China en el siglo II a.C.

La finalidad primordial del arte indio antiguo no es conseguir resultados meramente estéticos, sino facilitar la contemplación religiosa, ya sea por medio de símbolos, o valiéndose de formas sensibles y sensuales, que forman parte, de composiciones de un animado estilo narrativo, en el que a veces esconde la intención religiosa bajo la capa de una apariencia de dinamismo o aun de erotismo. Todo de acuerdo con una teoría de la belleza que es muy diferente de la que se manifiesta en la mentalidad occidental.

En cuanto a la prehistoria la India cuenta con un prolongado estilo artístico que, en líneas generales coincide con el de Próximo Oriente y sur de Europa, y que en el sur del Deccán no conoció la Edad del Bronce y se prolongó hasta mediados del I milenio a.C. dejando vestigios de un arte megalítico autóctono.

La zona de irradiación de la Cultura India será extensísima, abarcando un área que no se circunscribe a la India y a Ceilán, sino que comprende asimismo el territorio del actual Afganistán y gran parte del Beluchistán, en el transcurso de los siglos ha informado el arte de la dinastía Khmer, durante los siglos X al XII, en la Indochina, y ha trascendido a Birmania, Tailandia e Insulindia, influyendo también en el arte tibetano y en el de China, Corea y Japón.

Los fundamentos geográficos de la India le confieren un espacio que marcará la idiosincrasia de sus formas estéticas. La India es un subcontinente en el que las fuerzas de la naturaleza se despliegan con potencia y en el que el clima tropical hace crecer una vegetación extraordinaria. Por ello elementos como, bosques de palmeras, lianas y bambúes despliegan su extraña belleza, y sobre la superficie de las aguas florecen lotos blancos, rosas y azules, toda una diversidad de formas y colores que sin duda influirán en las manifestaciones artísticas creadas por los habitantes de este subcontinente.


En el primer piso, las casas tenían una conexión con el alcantarillado de la ciudad y también un desagüe que evacuaba el cuarto de baño. Los muros de adobe, además, poseía un complejo sistema de drenaje para evacuar las aguas lluvias.
En el campo del arte, los indios se caracterizaron por desarrollar imágenes de los diversos dioses y por el gusto de adornar coloridamente el cuerpo; utilizaban gemas coloreadas, aretes y zarcillos, y joyería con diseños que incorporaban lunas en cuarto creciente, discos solares, arcos, cúpulas y deidades con aureolas. En cuanto a su artesanía trabajaron los tejidos de algodón y alcanzando grandes avances en la metalurgia.

La escultura iniciada en estas dos ciudades es digna de mención con vestigios importantes como bustos de ancianos con barba y torsos juveniles que, junto a un concepto completamente clásico de la escultura humana, demuestran un envidiable dominio del modelado. Destacaremos como ejemplo la figura de bronce de una joven danzarina desnuda, con una gran cabellera y el brazo izquierdo lleno de anchos brazaletes, que fue hallada en Mohenjo-Daro. Tanto en Harappa. En Mohenjo-Daro han llegado hasta nosotros sellos grabados hallados en abundancia, con figuras de animales (rinoceronte, toro, elefante, etc.), que demuestran la existencia de una escritura, cuyos signos no se han logrado descifrar.


Esta cultura del Indo desapareció hacia el año 1500 a.C., coincidiendo con la llegada de los pueblos indoeuropeos. Éstos provienen de un movimiento de poblaciones de las estepas euro-asiáticas, que desembocaron por oleadas sucesivas en las costas norte del Mediterráneo, recibiendo en Gracia el nombre de dorios y en el Oriente Medio hititas. En la India, donde penetraron por los pasos del noroeste, desplazaron a las poblaciones autóctonas hacia el sur. Socialmente estos pueblos, que se denominaban a sí mismos arya, en sánscrito "noble", estaban divididos en castas: brahmana (sacerdotes), kshatriya (guerreros) y vaisya (hombres corrientes, ganaderos y agricultores). Frente a estos tres grupos estaban la Sudra, despreciados y humillados como esclavos.

Desde la destrucción de las ciudades del Indo hasta el siglo III a.C., prácticamente no se ha encontrado nada en la India. Se trata de un vacío en la historia del arte que resulta muy difícil de cubrir y del que no se puede extraer más que conjeturas de difícil comprobación. Sin embargo, ese milenio largo sentó los principios fundamentales del hinduismo y es conocido como período védíco a causa de las cuatro grandes colecciones de himnos, oraciones, fórmulas rituales y hechizos mágicos que reciben el nombre de Vedas. El término se aplica a las cuatro colecciones (samhitas) de himnos y oraciones compuestas con diferentes propósitos rituales: el Rig-Veda, el Sama-Veda, el Yajur-Veda, y el Atharva-Veda. De éstos, sólo los primeros tres fueron considerados originalmente como canónicos; el cuarto obtuvo esta posición tras una gran lucha. Estas recopilaciones son desconcertantes para Occidente ya que, a diferencia de las otras literaturas sagradas de las grandes religiones, no mencionan acontecimientos históricos.

Más adelante, ya en el siglo VI a.C., aparecieron en el norte de la India dos fenómenos religiosos heterodoxos: el Budismo y el Jainismo. El primero fue fundado por el príncipe Siddharta, llamado el Buda (el Iluminado), que rechazó radicalmente el sistema de las castas y enseñó que la aceptación de la vida y el dominio sobre sí mismo son más importantes que la fe. Por tanto, suponía el reverso de lo que propugnaba el brahmanismo, en el que el núcleo de la sociedad debía ser el sistema de castas y, por tanto, el ejercicio del poder para mantener dicha estructura.

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